AMIGOS del LIBRO RELIGIOSO.
Debe existir un compromiso de librerías, prescriptores y lectores para dar visibilidad y recomendar obras que recuperen una literatura capaz de interrogar, con hondura y respeto, las preguntas últimas del ser humano.
“El buen azar”
La fe en la narrativa contemporánea: entre el silencio y la oportunidad
¿Cómo apoyar a autores que apuestan por una literatura comprometida, que no renuncia a la dimensión espiritual?
En su artículo “El buen azar”, publicado en XL Semanal el 22 de marzo de 2026, Juan Manuel de Prada reflexiona sobre una tendencia cada vez más visible en ciertas élites culturales: la exclusión del hecho religioso como tema legítimo dentro de la literatura. Según señala, no resulta extraño encontrar obras que argumentan a favor del ateísmo o que presentan la creencia en Dios como innecesaria, cuando no como un elemento perjudicial. En este contexto, la literatura en el cotarrito cultural tiende a considerar lo religioso como un vestigio del pasado y alejado de las preocupaciones del presente.
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“El buen azar”
La fe en la narrativa contemporánea: entre el silencio y la oportunidad
¿Cómo apoyar a autores que apuestan por una literatura comprometida, que no renuncia a la dimensión espiritual?
En su artículo “El buen azar”, publicado en XL Semanal el 22 de marzo de 2026, Juan Manuel de Prada reflexiona sobre una tendencia cada vez más visible en ciertas élites culturales: la exclusión del hecho religioso como tema legítimo dentro de la literatura. Según señala, no resulta extraño encontrar obras que argumentan a favor del ateísmo o que presentan la creencia en Dios como innecesaria, cuando no como un elemento perjudicial. En este contexto, la literatura en el cotarrito cultural tiende a considerar lo religioso como un vestigio del pasado y alejado de las preocupaciones del presente.
Esta mirada dominante tiene consecuencias. Los escritores que se atreven a abordar lo espiritual desde una perspectiva seria a menudo son encasillados como retrógrados o ajenos a la modernidad. A ello se añade otro fenómeno, no menos problemático: desde ciertos ámbitos del mundo católico se ha impulsado, en ocasiones, una literatura excesivamente infantilizada y marcada por el sentimentalismo.
Frente a estas inercias, resulta especialmente interesante la figura de Enrique Álvarez, a quien Juan Manuel de Prada presenta como un auténtico “zahorí de almas”. Leonés afincado en Santander, Álvarez ha desarrollado una narrativa de carácter teológico que se adentra sin miedo en los dilemas morales y espirituales de nuestro tiempo.
Su novela El buen azar, publicada por La Discreta, narra la historia de Adrián, un adolescente que cursa sus estudios en un colegio religioso de los años setenta. Desde las primeras páginas se dibuja un ambiente rígido y hermético, donde la disciplina y la autoridad se imponen. En ese contexto, el protagonista sufre abusos por parte de uno de los sacerdotes del colegio, una experiencia que marcará profundamente su vida interior. La culpa, el miedo a no ser creído y una progresiva crisis de fe se entrelazan en su conciencia, mientras el entorno institucional favorece el silencio y protege su propia reputación, dejándolo en una dolorosa soledad.
No es la primera vez que Álvarez aborda cuestiones de este calado. En Marta, Marta (2021), también publicada por La Discreta, exploraba la pérdida de fe en la sociedad contemporánea a través de la historia de un obispo que decide renunciar a su cargo. En ambas obras, el autor demuestra una notable capacidad para penetrar en la intimidad de sus personajes, explorando sus vínculos, afectos y las heridas —sociales y espirituales— que los atraviesan. Entre ellas, destaca la erosión de la fe, incluso dentro del propio clero.
Uno de los aspectos más sobresalientes de su narrativa es la construcción de personajes: complejos, llenos de matices y dotados de una profundidad psicológica poco frecuente. Álvarez no juzga; observa, comprende y expone, invitando al lector a enfrentarse con preguntas incómodas pero necesarias.
Ante una propuesta literaria de esta naturaleza, surge una cuestión pertinente: ¿cómo apoyar a autores que, como Enrique Álvarez, apuestan por una literatura comprometida, que no renuncia a la dimensión espiritual? La respuesta pasa, en buena medida, por el compromiso de librerías, prescriptores culturales y lectores. Dar visibilidad a estas obras, recomendarlas, incorporarlas a clubes de lectura o presentaciones, y situarlas en espacios destacados dentro de las librerías son pasos concretos que pueden contribuir a abrir el debate.
Porque, quizá, en un panorama donde lo religioso tiende a silenciarse o simplificarse, propuestas como El buen azar representan no solo una resistencia, sino también una oportunidad: la de recuperar una literatura capaz de interrogar, con hondura y respeto, las preguntas últimas del ser humano.
Por Elías Pérez, de la Asociación de Amigos del Libro Religioso
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